martes, 18 de marzo de 2025

¿Hemos de "trabajar" las emociones en educación infantil? Os comparto mi relfexión.

 Las emociones se viven, no se trabajan ni se aprenden. 

Hace un mes me llamaron de una guardería ( que no una escuela infantil) para cubrir una baja. Estuve muy poquito tiempo disfrutando de los niños de 2 años, pero fue una experiencia positiva porque aprendí mucho con ellos y pude leerles un cuento que os voy a presentar ahora: Vaya rabieta.

 Como sabréis, los que sois asiduos visitantes de librerías, centros comerciales o, sois padres o docentes, últimamente sale mucha porquería editorial con la finalidad de vender porque está de moda.La moda, o al menos, una de ellas, es el tema de las emociones y cada vez hay más libros infantiles relacionados con estas, incluso programas educativos para "trabajarlas", lo cual me parece aún más absurdo. ¿Desde cuándo la escuela permite que el consumismo mercantilista y las políticas de turno se incorporen en su quehacer educativo? Ingenua de mí cuando me metí a estudiar la carrera y las oposiciones.

 La vida es preciosa, pero el mundo está corrompido, y desde mi más humilde opinión, la educación lo que debe hacer es contribuir a paliar los males de este mundo, que hay unos cuantos. Por lo tanto, me parece ridículo que cada vez haya más personal docente y padres que se preocupen por nimiedades intrascendentes, y compren programas y libros como el Monstruo de los colores como otros.

He aquí el cuento infantil que os he comentado al principio, Vaya rabieta de la editorial Corimbo.Se trata de un cuento que me parece sencillo, directo, divertido, sorprendente y que les encanta a los niños, sin mencionar ni una sola emoción, tan solo mediante las ilustraciones hechas a lápiz y acuarela.

 


 

 Estando en la guardería lo leía una y otra vez antes de la hora del comedor y recuerdo sus caras y el silencio absoluto de expectación. No sé si se llegarán a acordarse de mí o de la historia, pero yo de ellos y de lo mucho que disfrutamos juntos leyendo esta maravilla sí. Porque, al fin de cuentas, un buen libro no es bueno por el contenido que trabaja, ya sean valores de cuidado hacia el medio ambiente, el feminismo tan de moda o,  las emociones, si no, la calidad de la ilustración, un texto cuidado y una historia que interese a los niños pequeños. Para ello hay que tener muy en cuenta su edad y el momento vital que están viviendo.

 Muchas veces los docentes y el mercado pretenden que los más pequeños aprendan siempre algo en cada una de las actividades o acciones que realizan, pero muchas de esas actividades, a veces son incluso más trascendentes para ellos y para la vida. Algunas de ellas, pueden pasar hasta desapercibidas porque forman parte de la vida cotidiana, pero no por ello son menos importantes.Ya sea jugar a disfrazarse, leer o echarle un ojo a algún cuento, bailar, mirar por la ventana, hablar con los amiguitos y darle un beso o un abrazo a un amigo que esté disgustado.



 Cuando mis hijos lean un cuento o se lo lea yo, quiero que disfruten de la lectura, que pasen un buen rato conmigo o a solas, me da igual,  y que encuentren otras formas más de adecuadas y cercanas a la esencia de ser niños, que es jugar y vivir su infancia como realmente ha de ser. Sin prisas, sin agobios, sin programas y sin juguetes y cuentos mercantilistas. Porque cada vez más les cuesta disfrutar de las pequeñas cosas, no quieren aburrirse, necesitan siempre acción y estimulación , y la culpa de esto la tiene quien le dejó por primera vez una pantalla, pero sobre todo, el mercado y la política que incorpora las pantallas y modas en las escuelas. No hay derecho y los que trabajamos para la infancia no podemos callar y hacer como si nada. Nos están robando la infancia. 




Bibliografía:

d´Allancé, M,.( 2001). Vaya rabieta:Corimbo

 







martes, 28 de enero de 2025

Poemario Abus y el valor de los abuelos.

 Retornando al origen

¡Hola, lectores! El otro día decidí pasarme por la biblioteca municipal de mi ciudad y llevarme un par de cuentos para los niños a los que cuido entresemana. Uno de ellos ha sido Abus,  poemario de la maestra alicantina Mari Carmen Díez Navarro, docente de educación infantil a la que tanto admiro y leo. Y no dudé en llevármelo a casa para leerlo con calma y daros mi impresión a través del blog. Aunque no sólo mi opinión, sino, compartir una pequeña reflexión, que es lo que más me gusta.



Casualmente a la salida me saluda un señor y me dice que me llevo una buena sección de libros y que conoce a Mari Carmen Díez Navarro. De vuelta, le comento que hay que aprovechar que estos buenos libros se sigan publicando y leyendo porque ahora abunda mucho la literatura comercial, vacía y superficial que se aprovecha de las necesidades y modas pasajeras de la sociedad de consumo. Y es que, como maestras de formación, debemos saber diferenciar lo que es un cuento o álbum ilustrado de calidad de lo que no lo es para saber escoger y ofrecer a nuestro alumnado una buena referencia literaria  que tenga un valor estético y literario en las ilustraciones y en el texto, así como una buena variedad léxica y/o que incorpore rimas.





La historia que cuente tiene que emocionar, tiene que enganchar, ha de ser divertida y como he dicho anteriormente, debe tener variedad léxica e ilustraciones de calidad para educar en la apreciación estética. 


Por lo que respecta a este poemario (Abus), decir que es de la editorial Iglú, que su autora es una maestra jubilada que ejerció en la escuela infantil Aire Libre de Alicante y que contiene poemas que dedica a Liam y Noah, sus nietos. Además, para darle un toque más genuino las ilustraciones han sido realizadas a mano por antiguos alumnos/as de dicha escuela.


El oficio de los abuelos es suspirar,

 contar la propia historia,

 deshilvanarse.

El oficio de los abuelos es recordar, 

narrar cuentos sentidos,

 recuperar memorias. 

(Mari Carmen Díez Navarro)




Y la razón por la cual he decidido escribir una entrada sobre este poemario es debido a la temática de este: la relación entre abuelos y nietos. En su día ya escribí una entrada específica dedicada a los abuelos, pero los que me conocéis ya sabéis que me gusta hablar de estos temas. 

 No es la primera vez que digo que la sociedad en la cual vivimos está enferma. Y no me refiero al aumento de casos de trastornos y enfermedades mentales como puede ser la ansiedad o la depresión, que también da para hablar largo y tendido. El capitalismo tiene mucho que ver. Ya hablaré de esto en otra entrada. 

Debido al estilo de vida que llevamos, o que nos hacen llevar desde esta sociedad consumista y nihilista, en muchas ocasiones por inercia nos olvidamos de parar y analizar sobre lo que está bien y lo que no (capacidad de discernimiento), sobre lo que realmente importa en la vida y lo que no es tan relevante.

 En esta sociedad de consumo nos dicen que podemos alcanzar la felicidad y que tenemos que ser independientes, únicos, y vivir al límite completamente desarraigados de nuestras raíces: de nuestra familia. Asimismo, nos dicen que hemos de buscar la cantidad en vez de la calidad en nuestras relaciones, que tenemos que renegar de nuestro pueblo o ciudad en la que hemos nacido y crecido, y la cultura popular de esta. Si bien, es cierto que el globalismo se ha cargado en gran medida la tradición de cada pueblo y ahora, como diría el escritor Juan Manuel de Prada, todo se ha convertido en una albóndiga, en una masa homogénea, en definitivas cuentas, en una mierda pinchá en un palo. Nos dicen que para alcanzar la mayor autorrealización personal, tenemos que pensar por y para nosotros, en nuestro beneficio económico, en nuestro estatus social e ir a nuestra bola. Y eso implica, entre otras muchas cosas, el individualismo imperante.

 Todos hemos caído en ello, pero a la larga nos damos de bruces con la realidad y comprendemos que no es lo que deseamos como seres humanos, que lo que verdaderamente le hace feliz al hombre ( y a la mujer) es crear comunidad, establecer vínculos y darse a los demás, ya sea a través del ejercicio de una vocación convertida en oficio, ya sea de manera altruista llevando a cabo voluntariado, o incluso dándonos a las personas de nuestro entorno: familia, compañeros, amistades, un amigo que esté pasando por un momento delicado... 

Es por ello que resulta sorprendente el auge de casos de soledad de las personas mayores en las sociedades modernas y avanzadas. Como dato curioso, en algunos países como Reino Unido y Japón se ha creado el Ministerio de la Soledad. Una de las razones es que nuestra sociedad, completamente manipulada por unos pocos ( los gobiernos y los plutócratas de turno), se ha convertido en un parque de atracciones, en una especie de salón de juego donde nada es sólido ni duradero, donde todo está en un constante cambio, donde se tapa y se ve como un error la enfermedad, la vejez, el fracaso, la tristeza y la muerte,  que aunque no nos guste, forman parte de la vida. Y nos dicen que para ser felices y libres tenemos que seguir nuestro camino, pero ¿y qué ocurre con los demás?

Y la razón por la que cuento todo esto es porque  creo que hemos perdido el valor hacia la sencillez, hacia el pasado, la tradición, la sabiduría de nuestros antepasados y las raíces, y en ocasiones dejamos de lado a nuestros mayores, porque nos hemos creído que para disfrutar de la vida tenemos que ser libres y desapegarnos de las relaciones con los demás, especialmente de la familia. Parece que el legado de nuestros mayores no importa en absoluto a las nuevas generaciones nacidas en la era digital. Puede haber muchas razones que desconozca, pero parece ciencia ficción el mundo que hemos convertido donde los afectos y el trabajo por conseguir relaciones humanas  sólidas y duraderas han pasado en muchos casos a segundo plano. Vivimos en la sociedad de usar y tirar. 




Volviendo a los abuelos, en algunas culturas ( depende de las familias) la figura de los abuelos es prácticamente inexistente, en cambio, en algunas otras forman parte de la vida de sus hijos y nietos. Quizá conviene analizar el por qué y el cómo se podría evitar que las relaciones entre abuelos y el resto de la familia no decaiga. Imagino que el estilo de vida que llevamos no es el más favorable para poder compaginar de manera saludable trabajo, familia y la cantidad de ocio que nos venden. La sociedad y el sistema no creo que cambien de la noche a la mañana, pero siendo conscientes podemos hacer un pequeño esfuerzo de cambio personal en cuanto a valores y prioridades.

Para concluir,  no se trata de tomárnoslo como una obligación, pero sí creo que cuando uno tiene hijos pequeños y cuando ya somos mayores,  debemos hacer por conocer y pasar tiempo con ellos ( en la medida en que se pueda según las circunstancias), conocer la historia de su vida, la de su familia, y que así sepamos de dónde venimos para saber quiénes somos. Yo a mis 25 quiero poder disfrutar de la compañía y las historias de mis tres abuelos, porque como diría Ana Iris Simón, la autora de Feria, las manos curtidas de tierra, sol y viento también saben. 



Paisaje manchego, de Francisco Sandoval Barbero










Referencias bibliográficas:

Díez Navarro, M.C. (2021).Abus. Iglú
Simón, A.I.(2020). Feria. Círculo de tiza
 
Imagen: 
El drama de muchos abuelos separados de sus nietos, rtve



viernes, 17 de enero de 2025

Reseña de Feria, de Ana Iris Simón.

 "Las manos curtidas de tierra, sol y viento también saben"


¡Hola, lectores! Después de mucho tiempo, he decidido pasarme por aquí para escribir sobre una de las cosas lo que más me gustan: los libros😜. En esta ocasión vengo con la reseña de Feria, de la periodista manchega Ana Iris Simón, que he de confesar, que no conocía ni a la autora ni la existencia de este libro. ¡Y eso que ya va por la  16ª edición! 



Gracias al canal de You Tube del Doctor en Historia Gonzalo Rodríguez García, El aullido del lobo, en el cual, se dedica a entrevistar a escritores, músicos, psicólogos e intelectuales, encontré la reseña y entrevista de Ana Iris, y al escucharle, me sentí un poco identificada con su manera de pensar sobre la vida: la familia, la vida rural, la costumbre, el trabajo, la sociedad en constante cambio, el legado de nuestros antepasados... 


"Pensé que si lo que más me gustaba era escribir sobre la familia y la costumbre quizá es que lo que me gustaba no era escribir, sino la familia y la costumbre. " (Ana Iris Simón)


Y gracias a la lectura de su libro, además de convencerme de que mis anhelos no son tan extraños ni lejanos como los de la mayoría de la gente normal ( seguir una vocación, construir un hogar, una familia, formar comunidad...), me inspiró a la hora de preparar el regalo de Navidad para mi familia. Pues como buena cáncer que soy,  no puedo evitar sentirme atraída e identificada con el pasado, así que decidí preparar una presentación musicada con diapositivas. El resultado fue bueno porque disfruté mucho realizándolo y esperando el momento de darles la sorpresa.

 Volviendo al libro de Ana Iris, como me gustó e inspiró tanto y sigo escuchando a esta mujer periodista, pues me ha apetecido venir al blog a contaros qué me ha parecido y a destacar algunas de sus reflexiones con las que comparto plenamente la misma opinión.


 Ana Iris Simón, la autora y coprotagonista de Feria



Pero, ¿de qué trata este libro?

Este libro es una especie de diario y ensayo sociológico de la vida actual en España, la de los jóvenes, en parte, así como también la España de su niñez, la de sus padres y abuelos con toda su esencia manchega y sencilla. Es por ello que podría decirse que se trata de un diario personal sobre la vida de la familia de la periodista; nos cuenta cómo fue su infancia y juventud con sus abuelos feriantes ( de ahí el título del libro) y toda su prole proveniente del Campo de Criptana (Ciudad Real). 

Asimismo, en este libro encontramos referencias de la obra de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes, así como también podemos aprender de la vida de antes, la de nuestros antepasados, que como mis abuelos paternos, vivieron en y del campo también en la tierra del Quijote. 

Lo que me gustaría destacar de este libro son algunas de sus reflexiones sobre la vida de antes y la vida actual, o mejor dicho posmoderna. Y espero que tras vuestra visita por mi blog, os cale hondo y os animéis a seguir leyendo y escuchando a Ana Iris.


El índice del libro se compone de varios títulos y subtítulos, de los cuales, solamente destacaré los que para mí han sido más significativos. Allá vamos: 


-El fin de la excepcionalidad 

 El libro comienza con esta frase: -"Me da envidia la vida que tenían mis padres a mi edad." 

Y continúa con lo siguiente: 

-"Durante mi adolescencia y la primera juventud había desdeñado a los que se quedaban en Aranjuez porque menudos paletos, quedarse en un sitio tan pequeño y con tan poco que ofrecer. Pero la paleta y la que tenía que ofrecer era yo, y pequeñas mi alma y mis miras." 

-"Igual me da envidia la vida que tenían mis padres con mi edad porque a veces, sin casa y sin hijos como consecuencia de no tener en el horizonte mucho más que incertidumbre, daría mi minúsculo reino, por una definición concisa, concreta y realista de eso que llaman progreso"

En este primer capítulo Ana Iris , cuando escribió este libro estaría en los 29 o 30 años, estaba esperando su primer hijo y reflexiona sobre cómo vivían sus padres a los 30 y cómo ha vivido ella hasta la fecha. Reconoce que ha tenido la oportunidad de estudiar, de acceder a estudios superiores y poder dedicarse al periodismo, cosa complicada en este país. Pero a la vez siente que quizá los ha vivido con incertidumbre debido a la precariedad de su profesión, y pensando que  está sobrevalorado el denominado autodesarrollo personal.  

Si bien es cierto que nuestros antepasados no tuvieron tantas posibilidades de viajar y estudiar fuera, ni dentro, ni posibilidad de acceder a unos estudios superiores y que muchos no tuvieron la opción ni de acabar el graduado escolar, así como tampoco existía el irse de Erasmus. No obstante, a la edad de 25 años, muchos contaban con un oficio ( muchos que a día de hoy ni existen),  con casa, casados, e incluso con churumbel.  En cambio, los jóvenes de ahora tenemos un amplio abanico de posibilidades a nuestro alcance, pero luego a la hora de la verdad, cuesta poder conseguirlo todo a la primera: un trabajo con un sueldo que te permita vivir, construir un hogar y una familia el día de mañana. 

Vivimos en una sociedad individualista que nos ha metido en la cabeza que somos semidioses, que podemos alcanzar todos nuestros sueños y decidir quienes somos ( autodeterminación). Así como trabajar en aquello que nos apasiona, que tenemos que ser alguien en la vida, pero no tiene porqué ser siempre así. Muchas veces, por circunstancias de la vida (y del sistema) no puede ser y por tanto, cabe la posibilidad de poner en la balanza qué valoramos más en nuestras vidas: si vivir al límite y sentirnos  especiales y únicos en comparación con los demás, o buscar la verdad, el bien, el orden, la belleza y la justicia (dentro de la inestable situación de este mundo líquido), y poder así tener más probabilidades de poder el día de mañana, (a poder ser antes de que los plutócratas y globalistas nos lo quiten todo)construir entre todos, con paciencia, esperanza y humildad, una sociedad mejor para todos, no para uno mismo o para unos pocos.  

Yo quise estudiar para maestra de educación infantil por vocación, por amor a la infancia y porque sentí la llamada, y a día de hoy todavía no he podido desarrollar esa llamada, y no sé si podré algún día. No lo considero un capricho en absoluto. Nunca he pretendido hacerme rica, pero sí enriquecer mi alma con amor. Y por desgracia, a día de hoy, hay pocos oficios que te llenen tanto como aquellos que se dedican al cuidado de los demás. 

Cambiando un poco de tercio, nuestros padres no es que lo tuvieran más fácil. Nunca he dicho eso. Lo que veo es que ahora hay demasiada competencia en un mundo cada vez más individualista, atrapado por la sociedad de consumo y la tecnocracia. Nuestros padres sin tantos estudios han conseguido mucho más que yo a los 25. Ellos tienen un trabajo estable (quizá no es el se sus sueños, pero es un trabajo digno y respetable que cumple una clara función de servicio público) y con un sueldo con el que me han podido ayudar y apoyar siempre; ellos no fueron a la universidad para poder tenerme a mí y a mi hermano, para que nosotros tuviéramos una buena vida, como la que todo padre quiere para sus hijos. Son ellos lo que pagaron lo necesario para que yo pudiera estudiar la carrera que quise y poder ejercer algún día como maestra de escuela, aunque hasta la fecha, no ha merecido mucho la pena a pesar de los esfuerzos de ambas partes. 

Quizá tengamos  que resetear nuestras cabezas y priorizar qué es lo realmente importante en nuestras vidas y lo que no. Aunque a veces cueste quitarse de la cabeza los sueños rotos del corazón. Pero, como dice la autora en un fragmento de su libro, "al final las cosas importantes son muy pocas". Quizá deberíamos plantearnos entre todos qué es lo realmente importante para una sociedad y para ello tendremos que cambiar nuestras prioridades individualistas y velar por el bien común. 



Patria, estirpe y linaje

-La razón principal por la que quería tener hijos no era por ser madre yo, sino por hacerle a él abuelo y a mi abuelo bisabuelo. Por continuar con un linaje, por devolverle lo que me había dado, la vida y el amor.

Este fragmento del libro habla de sus ganas de ser madre y el motivo principal por el cual quiere darle a su padre nietos. A mí me pasa un poco igual. Desde que tengo uso de razón siempre he querido tener hijos. No me veo el día de mañana no siendo madre y si así llega a ser, he de confesar que me sentiría muy vacía. Hoy en día la gente joven pospone la edad de tener hijos porque, entre que hay mucha inestabilidad laboral y cada vez tanto hombres como mujeres buscamos la autorrealización personal, llega un punto en el cual hemos de escoger y yo a mis 25 años tengo claro que no quiero tardar más de diez años en ser madre, no quiero que me confundan con la abuela de mis hijos. Pero también soy consciente de mis circunstancias y ojalá que de aquí a unos cuantos años pueda ponerme a ello. 

Desde mi punto de vista, las sociedades deberían impulsar la natalidad, fomentando que la gente joven se anime a construir un hogar y una familia. En cambio, lo que insinúa es que ya somos demasiadas personas en el mundo y que tener hijos es contraproducente para el cambio climático. Es dolorosísimo escuchar semejantes barbaridades en un país como el nuestro donde faltan niños y faltan jóvenes, donde cada vez hay más población envejecida, donde el telediario nos bombardea con noticias del tipo: "Los jóvenes cada vez retrasan más la paternidad y maternidad". ¡Por algún motivo será! Entre que algunos pretenden vivir en los mundos de yupi sintiéndose libres fornicando con unos y otros sin amor ni compromiso, el auge de las ideologías de género, y otros que no podemos porque no nos hemos emancipado, o porque no encontramos un trabajo con unas condiciones adecuadas para la procreación, así como la infantilización de la sociedad,  al final no sé qué pasará con la institución de la familia ni con el mundo entero.



El amor

-Tendré que contarte que es de esa tierra naranja de donde venimos y tendré que explicarte lo que es un pueblo y te diré que el nuestro está atravesado por tres realidades: la ausencia total de relieve, el Quijote y el viento. 

-Sabía que tendría que contarte que es de esa llanura parda e infinita de donde vienes, que es ese manto de esparto lo que eres (...) y que sintieras entonces que eres el heredero de una raza mítica, como de cuento popular. Y es que lo eres y por eso te quería antes de conocerte y por eso te traje al mundo. Por eso y no para quererte, aunque te quiera más que a mí. 

Ana Iris cuando escribe el libro está embarazada de su primer hijo y en muchas ocasiones se dirige  directamente a él haciendo referencia a la familia, a su pueblo, a las costumbres de sus gentes y al amor hacia todo ello. Cada vez las personas vivimos y nos movemos en la ciudad como pez en el agua y hemos perdido la conexión con lo esencial y con la naturaleza. Tampoco es culpa nuestra, es la vida que nos ha tocado vivir, la mayoría de trabajos se encuentran en las grandes ciudades y cada vez el trabajo en el campo es denostado y despreciado por los propios dirigentes de un país. 

Confieso que me siento orgullosa de tener por parte de mis abuelos paternos un pueblo, si bien es cierto, que desde hace un tiempo, no hemos ido con la frecuencia que  a mí me hubiese gustado. El ruido y el estrés de la ciudad cada vez me pesa más y me gusta menos.

Las obligaciones, los trabajos, los estudios y el auge del individualismo (el sistema en el que nos encontramos inmersos) impulsan la despoblación rural, aunque desde hace un tiempo se ha puesto de moda la vida bucólica en los pueblitos pintorescos de España, en el fondo no soluciona el problema que acarrea esto. Cada vez la vida en la ciudad se expande, el hombre  moderno no vive tan conectado con el presente ni con lo esencial, dos cualidades que sí aporta la vida en el pueblo. 

Un ejemplo claro de persona con los pies en la tierra es mi abuelo. He conocido pocos hombres tan serenos y sabios como él, "porque las manos curtidas de tierra, sol y viento también saben". Ahora mismo le veo cuidando y contemplando su huerto, cortando y degustando sus frutos y recogiéndolos para sus hijos y nietos... Y es que eso es la vida. 




Quizá esté romantizando el mundo rural, porque vivo en la comodidad de la ciudad, pero recuerdo con mucho cariño lo bien que lo llegué a pasar de niña veraneando un par de días cada año en el pueblo de mis abuelos, yendo detrás de las lagartijas con un vaso para atraparlas, el despertador natural del gallo del vecino ( mi tía Almudena se reirá con esto),  pasear por la noche viendo las estrellas de cerca, y ese olor a esparto tan característico del campo de La Mancha. 

Quizá yo también tenga que contarle el día de mañana a mis hijos qué es un pueblo, aun así tengo la esperanza de que podrán llegar a vivirlo por ellos mismos. 



La madre

-Mi abuela era hacia dentro, era silencio y quietud, dulzura y abnegación; mi abuela era entrega y discreción y a todas esas cosas es muy difícil escribirles porque es muy difícil acotarlas, todo lo envuelven y abarcan, todo lo arrullan y el todo no se puede ni ver ni escribir. 

-Yo siempre la recordaré cachondeándose de todo lo que voceaba mi abuelo y riéndose después, contándome de los años en los que se quedó al cargo de ocho críos y una borrica porque él se fue a Alemania a trabajar, en los sesenta, y haciéndolo sin victimizarse ni engrandecer su gesta, casi con pudor, casi con vergüenza de reconocerse tan fuerte y tan capaz en sus propios recuerdos. 


Tras la muerte de su abuela paterna, decidió escribir unas palabras en su memoria y en ellas,  nos recuerda la fuerza de las mujeres de antaño. Conozco muchas chicas jóvenes que se creen precursoras del feminismo y de la lucha de las mujeres, pero para mí no son más que crías con afán de protagonismo. Las mujeres de antes, como nuestras abuelas y bisabuelas, fueron muy fuertes y echadas p´alante. Si bien es cierto que no pudieron, algunas, llegar a disfrutar del mismo derecho de algunos hombres  a la hora de poder estudiar, trabajar y/o fuera del hogar, pero, parece que la fuerza de una mujer se demuestra solo de puertas para a fuera, pero no de puertas para dentro.

Todavía tenemos el prejuicio hacia algunas mujeres que deciden quedarse en casa cuidando de sus hijos, por ejemplo. Parece que está bien visto ir a trabajar a la oficina a los dos días de dar a luz porque nos han dicho que  podemos con todo ("nos han empoderado"). Eso ya lo hacían las mujeres de antes, pero porque no tenían otra opción, y ahora, teniendo la posibilidad (aunque siempre hay excepciones), miramos mal a las mujeres que quieren tener más de dos hijos, a las que se sienten inclinadas por profesiones relacionadas con el cuidado y la entrega hacia los demás, o hacia carreras de letras como  mujeres menos dignas que aquellas que han escogido una carrera científico-técnica o son grandes ejecutivas de una multinacional. Queremos que la mujer sea libre, pero a nuestra manera posmoderna, que no sea muy femenina porque ahora tiene que ser una mujer empoderada/muy masculina y narcisista.

Acabo este apartado diciendo que ahora se valora la masculinización de la mujer y la deconstrucción del hombre. Quizá porque no quieren que construyamos un proyecto común juntos, los hombres y las mujeres, porque no interesa que formemos una familia. Pues a mí, llamadme antigua, pero no me atrae el hombre blandengue, al igual que tampoco le gusta a Ana Iris, ni al Fari. Porque con tantas empoderadas y deconstruidos al final no llegamos ninguna parte. 




La historia del gigante

-En los últimos tiempos, cada vez hay menos Quijotes. "La Mancha está llena de Sanchos, Sardinero. El mundo está lleno de Sanchos. Todos creen ser los más cuerdos, los más sensatos, los que más en sus cabales están. Lo que no saben es que, en su persecución del número, de lo conmensurable, de lo tangible, están cometiendo la insensatez de dejar de la lado la obcecación, lo invisible y la intuición. 

-Quedan ya pocos Quijotes, pero es que realmente nunca hubo muchos y he aquí la contrariedad. Pero mientras la llama de su espíritu siga presente, iremos ganando la batalla. 


Para terminar la entrada, quería hacer mención al último capítulo del libro en el cual nos muestra un fragmento de la novela de Miguel de Cervantes. Un fragmento, que a pesar de no haber leído aún el Quijote, sí que considero que tiene un gran significado que merece la pena comprender e interiorizar, sobre todo en estos tiempos que corren del éxito mal entendido, las relaciones líquidas, la precariedad laboral, la incertidumbre... 

Parece que el mundo se te desmorona y te ves que estás en una época que no te pertenece ni hace justicia a tus valores ni a la forma de entender la vida. Quizá tú también te sientes extranjero en tu propio tiempo, quizá tú también has sido burlado por los cínicos de nuestro tiempo.

A don Quijote también le tomaron por loco, precisamente por perseguir unos ideales supuestamente pasados de moda. Pero nunca hay que perder la esperanza, ni la fuerza, ni las ganas de seguir hacia adelante, mirando de vez en cuando hacia atrás para seguir aprendiendo de nuestros antepasados, haciendo siempre el bien y buscando siempre la verdad de la vida.  Porque la verdad es lo único que nos hace libres y no al revés, como nos hacen creer en la posmodernidad.


Muchas gracias por leer y por seguir ahí. 

¡Hasta la próxima, lectores!







Bibliografía: 
https://www.telva.com/cultura/2021/01/05/5ff394fd01a2f1825b8b45ba.html

Simón, A.I.(2020).Feria: Círculo de tiza 

Enlace a la videoentrevista a Ana Iris Simón en el canal El aullido del lobo
https://www.youtube.com/watch?v=8Ie_TwHinHM


jueves, 8 de agosto de 2024

Todo lo que aprendí en la escuela infantil.

 Reflexión personal y profesional sobre la educación infantil. 

Todo lo que hay que saber sobre cómo vivir, qué hacer y cómo debo ser lo aprendí en la escuela infantil. La sabiduría no estaba en la cima de la montaña de la universidad, sino, allí, en el arenero. (Fulghum,1986)

Con esta preciosa y significativa de Robert Fulghum, autor norteamericano, he querido comenzar la entrada de hoy, reflexionando acerca de la educación de nuestra infancia. De aquello que considero importante, como maestra, aunque a día de hoy, sin plaza. He querido escribir este texto porque, tras un tiempo estudiando y leyendo para mis primeras oposiciones, así como viendo y observando lo que se hace y lo que se deja de hacer he llegado a varias conclusiones. 

-La primera es que el sistema, y no solo el educativo, sino, el sistema en el que vivimos tiene mucho que mejorar.  

-Que las personas que nos dedicamos o nos vamos a dedicar a la educación infantil debemos prepararnos también por nuestra cuenta. Leer libros sobre pedagogía, asistir a charlas y compartir nuestros puntos de vista y reflexiones. No es suficiente con la formación inicial recibida en la universidad, en muchas ocasiones, insuficiente. 

            Un ejemplo de los libros que suelo leer sobre educación infantil y que recomiendo. 

-Que tenemos que defender una educación infantil de calidad desde la práctica, desde el hacer para con  los niños, y no dejarnos llevar por las modas, las opiniones de "expertos" y las presiones de arriba por llevarlo todo al día y hacer una montaña de fichas al trimestre para hacer entender a las familias que sus hijos están aprendiendo. 

También quería recomendar alguna lectura que, a mí, personalmente, me han servido de mucho, me han ayudado a desarrollar una mirada más crítica en relación con nuestra función para con la infancia y sus familias, nuestra falta de formación inicial en las universidades, así como para desarrollar un enfoque centrado en la mirada de ese niño/a que está creciendo, que día a día, aunque no lo parezca, está aprendiendo algo nuevo, se asombra y nos asombra a los mayores. A algunos, cabe aclarar,  no a todos, pues, por desgracia, unos cuantos andamos más que distraídos, ocupados en asuntos más relevantes como atender a una llamada,  o a una docena de mensajes al día,  a teletrabajar, estudiar, y un largo etc. 

Después de más de dos años sin haber pisado un aula de educación infantil, ni haber tenido casi contacto con niños de estas edades, estaba yo en la ducha pensativa, rumiando qué hacer en caso de no haber aprobado (he aprobado pero no soy funcionaria); si intentarlo una vez más hasta conseguirlo, probar suerte fuera, o buscarme otra cosa... cuando de repente me acordé de una mañana preciosa de marzo en la que mis alumnos de prácticas y yo, junto con su maestra, salimos al patio con el cuento: Vamos a cazar un oso, de la editorial Ekaré ( muy recomendable, por cierto) y leímos la historia a la vez que correteábamos por el patio, cruzando un campo de largos pastos verdes, nadando por un río profundo y frío, caminando de puntillas por un barro espeso y pegajoso, adentrándonos en un bosque verde y oscuro, luchando contra una tormenta de viento y nieve, hasta llegar a la oscura cueva del temido oso...


 Recuerdo que un niño, bastante tímido y poco efusivo, se emocionó tanto que quería leerlo otra vez. Y es que, como ya se sabe-y no hace falta que lo diga ningún experto, pero lo voy a citar por si las moscas- aquello que emociona es lo que nos llega, lo que nos hace vibrar y querer saber y aprender más (Neuroeducación de Francisco Mora).

 Habrá gente, que leerá esto y llegará a pensar que se trata de una tontería. Bueno, si lo ve con ojos de adulto distraído, puede ser, pero si lo ve desde los ojos de niño y de una buena maestra (o acompañante del niño en su proceso de desarrollo en sus primeros años de vida), realizamos una sesión estupenda al aire libre de psicomotricidad, se llevó a cabo una animación lectora, se educó en el gusto por la literatura infantil de calidad, así como aprendimos sobre direccionalidad, lectoescritura, llevamos a cabo estimulación del lenguaje oral...

En definitiva, pasamos un momento precioso, que se me ha quedado grabado en la memoria. Y es que compartimos un tiempo en el que disfrutamos de la compañía de todos nosotros y de un libro; hicimos ejercicio físico al aire libre y lo que más les puede sorprender a muchos, no hubo regañinas, ni malos comportamientos porque todos estábamos bien a gusto. 

Asimismo, recuerdo otras ocasiones en las que me equivoqué, en las que me vi sobrepasada por las emociones y me faltó algo más de paciencia y en las que, luego más tranquila, me acerqué a alguno de ellos y le expliqué que los mayores, a veces, y en muchas ocasiones, también cometemos errores. Pero también recuerdo las veces en las que reímos juntos por las ocurrencias de alguno; nos dimos un beso o un abrazo, o descubrimos juntos un nido en uno de los árboles de nuestro patio, insectos curiosos caminando por el suelo del patio...

Me emociona acordarme de sus sonrisas, de sus miradas y  de sus conversaciones; de sus dibujos y sus muestras de cariño. Aprendimos mucho más curando las heridas de dos niñas de clase, Carmen y Carlota, con agua y jabón junto con otros niños al rededor de nosotras, comentando lo ocurrido y observando el proceso con curiosidad y empatía. Y es que la escuela, además de ser un lugar donde aprender conocimientos (aunque en educación infantil es otro cantar) es un espacio para el encuentro con los demás. Es un entorno en el que niños/as, familias, maestros y personal no docente( limpiadoras, conserje, monitoras de comedor) compartimos momentos, vivencias, intercambiamos miradas y palabras. Es un espacio de vida, y luego viene todo lo demás. 

Por desgracia, la escuela, en general, se ha visto condicionada por muchas corrientes ideológicas y por nuevas modas relacionadas con las nuevas tecnologías, por ejemplo, entre otras muchas otras, que no dejan de ser reflejo de nuestra sociedad actual y de lo que abunda en nuestro entorno: el consumismo. Y esto, nos ha salpicado a todos; a las personas que queremos acompañar a los niños, a las familias, a la escuela y a la infancia. Parece que algunos quieren convertir la escuela en una fábrica de personas homogéneas, poco críticas y pensantes, para que reproduzcan los mismo patrones de comportamiento que un autómata. Parece que es una preparación para el mundo capitalista, en vez de una educación para la vida. Decía Dewey, que la educación no es una preparación para la vida, es la vida misma. Y así es como ha de ser.

                  Viñeta de Tonucci como crítica al sistema educativo y al sistema en general. 


La escuela también se ha visto afectada por el estrés de vida que llevamos. Todos los que formamos parte de este sistema, vamos a la carrera. ¿Por qué todo se tiene que hacer cuanto antes? ¿Cuanto más rápido  y antes se llegue "a la meta", mejor? ¿Pero cuál es la meta? Para algunos padres o, mejor dicho,  para alguna parte de la sociedad, la meta es que sus hijos sean alguien en esta vida. Quieren que vayan a las mejores universidades o que tengan un puestazo el día de mañana. Piensan en su futuro antes de que haya terminado la escuela primaria. 

Obviamente los padres quieren lo mejor para sus hijos, y yo, cuando los tenga, pues digo yo que también, pero, lo mejor para ellos, en realidad es vivir su infancia plenamente como realmente merecen y ha de ser. Ya tendrán tiempo para caer en el sistema en el que nos encontramos inmersos y del que es difícil escapar. Ya tendrán tiempo de amargarse. Por ahora, dejémosles la infancia tranquila y que la vivan como la tienen que vivir. Claro que hay momentos para el aprendizaje, pero no nos confundamos y no pensemos que porque un niño de 3, 4, 6 u 8 años esté jugando a lo que más le gusta está perdiendo el tiempo y lo que realmente debería hacer es asistir a clases particulares de inglés, de robótica y otras tantas. Están inmersos en la rueda competitiva y consumista del dichoso sistema al poco de comenzar la escuela. 

En la escuela infantil (que no es lo mismo que una guardería) los pequeños experimentan, huelen, tocan, descubren nuevas sensaciones y vivencias en compañía de los otros, dialogan, escuchan... Es un espacio para el encuentro con los demás y con el nuevo entorno. 

Esta realidad me ha desalentado en muchas ocasiones, me ha hecho pensar que quizá, yo no valgo para esto, que soy una ilusa y una utópica, y que tendría que haberme dedicado a otra cosa (ser librera) o haber sido maestra en la época de las hermanas Agazzi, María Montessori, o en la de Rosa Sensat, de las que hoy día nos queda una estupenda colección bibliográfica para docentes de la editorial Rosa Sensat. 

Quizá, más adelante, me vuelva a animar; me saque algún día la plaza, o simplemente llegue a trabajar en la escuela de todos y para todos y tenga la gran suerte de seguir aprendiendo de ellos. Porque, aunque algunos no lo crean, los pequeños tienen más sentido común y sensibilidad que muchos adultos y son el verdadero motor que mueve a la humanidad, aunque a veces nos saquen de quicio con sus pataletas.

El consumismo desmesurado, el poder y el éxito mal entendido de algunos, nos llevan hacia un individualismo y egoísmo exacerbado, y que por desgracia, mueven el mundo hasta reventarnos a todos (a unos más que a otros), pero la infancia, la educación y la familia, abren paso a lo que realmente importa: el amor. 

Así ha de ser. Si no, yo no valgo para esto. 


Bibliografía recomendada:

-Cualquier libro de Mari Carmen Díez Navarro, así como su página web: carmendiez.com

-Educación Infantil: Respuesta educativa a la diversidad, Alianza. De Gema Paniagua y Jesús Palacios

-Los hilos de infantil, Octaedro. De Isabel y Ángeles Abelleira Bardanca. 

-Diez ideas clave: la educación infantil. Graó. De Mº Carmen Díez Navarro. 

-La escuela slow de Penny Ritscher.

-Viviendo el barrio, Octaedro. 

Webgrafía recomendada:

-Educación infantil, 6 claves para una vida. Un vídeo muy bonito que nos hace reflexionar sobre el enfoque de la educación infantil. 




martes, 23 de julio de 2024

Los ángeles existen

Hoy he visto un ángel, sí. No se me ha aparecido la virgen, pero he tenido el enorme placer de cruzarme por unos instantes con un ser encantador, que quedan ya pocos. Y es que, conforme me hago mayor, me conmueve profundamente la bondad de algunas personas. No sé si es porque estoy sensible, después de haber opositado y  haber acabado medio desquiciada o que me hago mayor. Pero el caso es que siento que tengo que compartir esto que he vivido esta mañana, que me ha demostrado que los seres de luz existen. 

Era, como todos los días, una mañana de verano, de finales de julio, e iba yo caminando por la ciudad, buscando un lugar donde poder realizar unas gestiones aburridas que nos hacen perder nuestro más preciado tiempo. Hasta que, tras una hora de paseo, me topé con un edificio cultural; el Instituto de Cultura de mi ciudad.

                                        David Gil Campesino, colección "The cleaning project"


Estaba vacío y había una serie de panfletos sobre exposiciones de arte y otros eventos culturales. De repente, apareció por detrás un ser diferente y especial, era encantador. Me saludó con una gran sonrisa,  me invitó a pasar a la exposición; me enseñó todos los libros sobre antiguas exposiciones, y quiso saber de mí, sobre mis gustos y a qué me dedicaba: 

-¿Te gusta el arte? ¿Eres artista o escritora?

-No, soy maestra. -Se me ocurrió decirle. 

-Oh, qué bonito. Pues mira, te voy a dar todos estos libros para que se los muestres a tus niños. 

-Muchas gracias, eres una persona muy amable. 

-Me llamo, José. ¿Cuántos años tienes? ¿25?

-Sí, justo. Has dado en el clavo. 

-Es que yo miro la cara de la gente y ya sé la edad que tiene. Además, veo que eres buena gente. Se te ve en la cara que tienes un gran corazón. Toda esa energía positiva que tienes ahí dentro se la tienes que trasmitir a los niños, porque hay que enseñarles el buen camino...

Aquí ya no voy a seguir trascribiendo la conversación tan bonita que tuve con este encantador conserje, pero solo diré que me alegró el día, que me emocioné un poco por lo que me dijo y cómo lo dijo. Vi tanta humanidad en él que no he podido evitar emocionarme. 😅

Me dijo que era discapacitado desde pequeño y que le encantaba su trabajo de conserje, que podía volver cuando quisiera y que ese lugar también era mi casa. Ojalá encontrarme con más personas así, porque por desgracia, cada vez veo menos. No digo que los demás seamos mala gente, pero, falta empatía, humanidad, solidaridad, mirar por el bien común, querer saber del otro de verdad.

Vamos tan obcecados en nuestros asuntos, tejemanejes o problemas, que no nos paramos a contemplar la belleza que hay detrás de cada ser humano, que seguramente, todos, al igual que tenemos nuestras sombras también tenemos nuestra lucecita. Es a esa a la que hemos de seguir y hacer de todo este barullo, al que llamamos vida, un lugar donde crecer, quererse y ser tan grandes como José, un buen conserje y una gran persona. 

Aquí os dejo algunos de los regalos que me hizo, aunque el mejor lo voy a llevar conmigo siempre en la memoria. 

                              Dos poemarios; uno de Natxo Vidal y otro de Manuel Valero Gómez.


                                        David Gil Campesino, colección "The cleaning project"


Libros de exposiciones de arte contemporáneo: Concurso encuentros de arte contemporáneo. Colecciones XIX, XX y XXI.


                                           Obra de: Miquel Ponce "Un espacio de construcción"


Obra de : David Delgado "Metaconejo"



Colecciones de: Cristina Fernández, Javier Romero, Jorge Burillo, Carlos García Peláez y David Gil Campesino. 


Ahora entiendo por qué las artes y la cultura, en general, también son conocidas como disciplinas humanistas. Porque unen a las personas y son el refugio de muchas de nosotras. 


Gracias por leer y hasta la próxima. 


martes, 25 de julio de 2023

Ancianidad en la literatura.

Cuando llega el otoño de la vida.

Con motivo del día de los abuelos, día 26 de julio, he querido escribir en la entrada de hoy un bonito homenaje a todos ellos. Tanto a mis abuelos como al resto de personas de la tercera edad, independientemente de si tienen nietos o no. 

Creo que en nuestra cultura, o mejor dicho, en nuestra sociedad actual,  la presencia de los abuelos en nuestras vidas se está perdiendo, aunque en mi contexto familiar no es así del todo, y conozco gente que también tiene una relación estrecha con sus familiares mayores. Personalmente, tengo que decir que he tenido la gran suerte de haber nacido en una familia estructurada con unos padres buenos y amorosos, y con unos familiares ( tíos, primos y abuelos también buenas personas), y de todos ellos, tengo que destacar debido a la entrada de hoy, a mis abuelos. 



Cuando nací, por motivos laborales, especialmente de mi padre, los primeros años de mi infancia pasé la mayor parte del tiempo con mi abuela materna, mi bisabuela y mi tío abuelo, aunque también estaban presentes mis padres dentro de lo que podían. Así que, es por ello que tengo muchas cosas de señora, a pesar de tener 25 años. Tener una relación tan estrecha conlleva mucho amor y confianza hasta el punto de habernos enfadado por algo y al poco tiempo volver a estar bien. A veces es complicado que un joven y una anciana se entiendan en todo, pero no por ello, deja de ser una experiencia enriquecedora y bonita para ambos. 



Para mí, las personas mayores tienen una sabiduría de la vida que supera a cualquier persona joven con carrera universitaria , máster y doctorado. Eso es otra cosa, y desde mi punto de vista, hoy en día masificado y sobrevalorado. En cambio, las personas mayores saben mucho más de todo lo que concierne a la vida y es por ello que, me gusta escucharles, aunque creo que en algunas otras cosas se equivoquen o no pensemos igual, en muchas otras cuestiones de la vida son expertos y grandes consejeros. 

Muchos de nuestros abuelos han vivido la guerra o  la posguerra, han vivido situaciones difíciles a las que muchos de nosotros, los más jóvenes ni siquiera nos hemos llegado a plantear, y en cambio, ellos ya contemplan la vida con una sabiduría calmada. Ellos ya han tenido que pasar por épocas estresantes de trabajo dentro y fuera de casa criando y educando a nuestros padres, y levantando un país destrozado tras la guerra. Son estas las personas que merecen un respeto más allá de por el hecho de ser personas mayores.

                                    




Hay una novela gráfica muy bonita que tiene adaptación cinematográfica llamada Arrugas del ilustrador español Paco Roca. Esta historia nos cuenta el día a día de la vida de un hombre llamado Emilio que ingresa en una residencia de mayores debido a su repentino alzheimer. Allí, conocerá a otras personas que, como él dejaron atrás aquellos años felices en los cuales disfrutaban de la familia, de su juventud y  de su salud. Unos están mejor que otros, algunos no son del todo conscientes del sitio en el que están, y los que sí, se lo toman de diferente manera para bien y para mal. Unos se sienten traicionados y abandonados por la familia, y otros estaban tan  solos que, allí sienten haber  encontrado  unos amigos con los que compartir habitación, charlas y actividades diarias. 




Además de la recomendación literaria,  quería compartir una serie poemas que he encontrado y que seguro que gustan tanto a mayores como a no tan mayores.  Estos nos enseñan lo duro que es y que puede hacerse el hecho de envejecer y el sentimiento de soledad que pueden llegar a sufrir los ancianos cuando sienten que su vida ya pasó y esperan con ojos pacientes y serenos el final de sus días. 

Espero que os gusten tanto como a mí. 



Llegó la tarde...

Aquí no hay viejos solo nos llegó la tarde.

Una tarde cargada de experiencia;

experiencia para dar consejos.

Aquí no hay viejos, solo nos llegó la tarde.

viejo es el mar y se agiganta,

viejo es el sol y nos calienta,

vieja es la Luna y nos alumbra,

viejo es el amor y nos alienta. 

Así que, aquí no hay viejos, solo nos llegó la tarde. 

Somos seres cargados de saber,

graduados en la universidad de la vida y del tiempo,

que nos dio un posgrado. 

Subimos al árbol de la vida y allí cortamos los mejores frutos;

nuestros hijos, los que cuidamos con paciencia, que hoy se revierte en paciencia y amor.

Joven que me escuchas: 

si en tu caminar por la vida encuentras un ser que camina encorvado, 

con pasos lentos, el pelo blanco, 

la piel arrugada, y las manos temblorosas, 

¡No lo ignores, ayúdalo,  protégelo!

Dale tu mano amiga, y piensa que,

a ti también te llegará la tarde.



Llegó la tarde de Leda Fuertes Casanova



Este poema tan bonito, lo descubrí gracias a un familiar político hace unos años. Recuerdo que lo leyó como regalo de cumpleaños a un primo mío adolescente, y me pareció precioso. 

Para mí la esencia de este poema es la  defensa de  la dignidad humana hacia las personas mayores y un canto de esperanza y alegría también hacia el camino de la vida con sus momentos más significativos en la vida de una persona. 

Si queréis escucharlo, podéis buscar el nombre de la autora en Youtube junto con el título del poema: Llegó la tarde.



Dios, 

mis manos son viejas.

Nunca lo había dicho en alto,

pero lo son.

Antes estaba orgullosa de ellas.

Eran suaves

como el melocotón maduro.

Ahora tienen la suavidad

de las sábanas ajadas o las hojas marchitas.


¿Cuándo estas manos esbeltas y gráciles

se convirtieron en garras nudosas y mermadas?

¿Cuándo, Dios?

Yacen aquí en mi regazo, 

desnudos recordatorios de este cuerpo cansado

que tanto ha trabajado.


¿Cuánto tiempo hace que alguien me tocó?

¿veinte años?

Soy viuda desde hace veinte años.

Respetada.

me dedican sonrisas, 

pero nunca me tocan.

Nunca me abrazan con tal fuerza

que me haga olvidar la soledad. 

Recuerdo cómo me abrazaba mi madre,

Dios. 

Cuando me sentía herida en carne o espíritu

me acercaba a su persona, 

me tocaba el cabello

o me acariciaba la espalda  con sus manos cálidas. 

¡Oh, Dios, estoy tan sola!


Recuerdo el primer muchacho que me besó.

¡Era tan nuevo para ambos!

El sabor de unos labios jóvenes y palomitas,

la intuición de los misterios que vendrían. 

Recuerdo a  Hank y a los bebés.

¿Cómo podría recordarlo, si no juntos?

Entre torpes intentos de nuevos amantes

llegaron los bebés.

Y a medida que crecían, también lo hizo nuestro amor.


Dios, a Hank no pareció importarle

que mi cuerpo se volviese algo más grueso y ajado. 

Todavía lo amaba. Y lo tocaba. 

No nos importaba no ser hermosos. 

Y los niños me abrazaban mucho. 

¡Oh, Dios, estoy tan sola!


Dios, ¿por qué no criamos a los niños

para que fuesen bobos y afectuosos

y no solo dignos y correctos?

Cumplen sus obligaciones;

vienen en sus buenos coches, 

entran en mi habitación y me presentan sus respetos.

Charlan animados y recuerdan el pasado.

Pero no me tocan. 

Me llaman "mamá" o "madre"

o "abuela". 


Nunca Minnie. 

Mi madre me llamaba Minnie.

Lo mismo hacían mis amigos. 

Y Hank también me llamaba Minnie.

Pero ya se han ido.

Y Minnie también.

Aquí solo queda la abuela. 

¡Y Dios! ¡Está sola!


Minnie Remembers  de Donna Swanson


Este poema me conmueve precisamente por lo triste y nostálgico que es. El poema lo encontré por casualidad en un libro que tengo titulado El tacto del antropólogo británico Ashley Montagu. Es un libro muy interesante que habla de las relaciones humanas y de la importancia del contacto físico y el piel con piel entre las personas a lo largo de toda una vida. 

En el poema, una mujer anciana plasma sus sentimientos de soledad y nostalgia por el pasado. Parece que al llegar a la vejez , recordar el pasado es emocionante y a la vez, parece ser una sensación muy agridulce porque siempre se compara con la situación presente, y parece que lo que hubo anteriormente siempre fue mejor.

Y es que, como bien dijo en su día la escritora española  Ana María Matute, vivir es perder cosas. Es ir perdiendo cosas con el tiempo, aunque también se ganan, al final esas cosas, personas, momentos, también se pierden, porque nada es eterno. Y es eso mismo lo que le sucede a la mujer del poema, siente que ha ganado mucho en su vida con el amor de su familia, pero ahora, ya no queda casi nada, y se siente profundamente sola. 

Me despido con un último poema de Constantino Cavafis.


La vejez de mi cuerpo es una herida

de terrible puñal. No me resigno.

A ti acudo, Poesía, que conoces 


los mejores remedios que mitigan

el sufrimiento con las artes mágicas

de la palabra y de la fantasía. 


Me ha herido la vejez con su terrible

puñal. Ven en mi ayuda, Poesía, 

  y haz que me olvide de mi triste llaga,

aunque sea tan solo por un rato. 



Bibliografía

https://valencianoticias.com/el-muvim-proyecta-la-pelicula-%E2%80%98arrugas%E2%80%99-de-paco-roca/

http://www.xn--sociologainquieta-kvb.com/2022/05/vejez-y-sociologia-una-mirada-hacia-la.html

https://elenabarriga.wordpress.com/seminario-ii-reflexion-sobre-la-ancianidad/

 Roca, P. (2007) Arrugas.Astiberri

Montagu, A. (1971) El tacto.Paidós




Carta al director: Guarderías, asilos y pipicanes a rebosar

  Guarderías, asilos y pipicanes a rebosar: Una realidad en pleno auge.    Señor director:     Tengo casi 30 años y me siento a veces incomp...