Guarderías, asilos y pipicanes a rebosar: Una realidad en pleno auge.
Señor director:
Tengo casi 30 años y me siento a veces incomprendida por muchas personas de mi generación. Hoy en día, decir que quieres formar una familia, a poder ser con más de un hijo, y querer dedicar tiempo para lo que realmente importa, es poco habitual y un motivo más para que mujeres, sobre todo mujeres como yo, pero con superioridad moral, te miren con condescendencia y te reprochen lo anticuada que eres; que querer ser madre joven es un constructo social, que lo que hay que hacer es disfrutar, copular, y no ahorrar para viajar todo lo que se pueda, aunque se trate de turismo de consumo y no para cultivar nuestra mente y nuestro espíritu de belleza.
Asimismo, a día de hoy a lo máximo a lo que se puede aspirar es a compartir un piso, adoptar un perrete y vivir como hippies hasta los 40 años, una edad en la que ya se nos complica a las mujeres con vocación por la maternidad.
Querer desarrollarnos profesionalmente está bien, pero parece ser que, al igual que muchos hombres, no todas podemos aspirar a ser ingenieras o médicas,ya sea por nuestras capacidades,intereses, limitaciones y circunstancias, pero podemos optar por un trabajo con el que también aportar a la sociedad, y no precisamente económicamente hablando. Me refiero a darnos a un proyecto,a una causa, a un servicio y ayudar, sea con el trabajo que sea ,y con el que sentirnos mejor con nosotras mismas y con el entorno.Hallar un sentido a lo que hacemos.
Y tal y como está la sociedad y el sistema, nos avoca a retrasar nuestro proyecto de vida por y para seguir consumiendo títulos que, vete tú a saber si te servirán para encontrar esa estabilidad imaginaria que nos la han quitado, para poder empezar a construir por los cimientos y no por el tejado.
Mis dos abuelas muchas veces me han comentado que ellas a mi edad ya estaban casadas, eran mamás y no tenían tantos estudios, ni títulos, ni posgrados y aún así, sacaron a sus hijos adelante, con ayuda,por supuesto,de una tribu familiar necesaria: maridos, abuelos, hermanos...etc. Mi abuelo una vez me dijo:- No teníamos de ná. Pero en el fondo, creo que tenían todo lo que realmente importa: tenían amor; el amor de un matrimonio y el de unos hijos a los que sacar adelante.
No obstante, nosotros no hemos tenido que dejar la escuela a los 10 años de edad para trabajar en el campo, como muchos de ellos sí tuvieron que hacer porque era lo que le tocaba a la gente más humilde.Es por ello que no pretendo romantizar una época pasada que no he vivido, de la que he oído bueno y malo, como también sucede en la que nos encontramos hoy. Y es que en esta sociedad actual tenemos diversas opciones a golpe de clic y muchas comodidades, pero eso no nos ayuda a madurar, a crecer como seres humanos y a mejorar, a veces, puede ser una pequeña trampa, una cárcel de algodón.
Quizá una de las razones de que haya más guarderías, asilos y pipicanes a rebosar, no sea tan solo el encarecimiento de la vivienda y la falta de éstas, también es la puerilización de la sociedad que contribuye a que los jóvenes, en aras del progreso, consideren precipitado ser padres y madres antes de los 30 o en los mismos 30 años, porque todavía queda mucho por vivir, y porque otros, todavía estamos estudiando porque en su momento pensamos que nos ayudaría a conseguir mejores condiciones, aunque ya sabemos que no siempre es así.Asimismo,cada vez hay más guarderías a rebosar porque parece que está mal dedicarle más tiempo a los hijos que al sistema de producción.
Nos hemos creído que la vida era esto: producir y consumir.Pero la vida es otro cantar. La vida no es estar en casa de nuestros padres infantilizados a la edad de 30 años. Tampoco es vivir para producir y desatender lo que más importa.La vida no debería ser esa. No podemos conformarnos con un simulacro, en el que el sistema, para que no te quejes y te conformes con lo mínimo, te va ofreciendo sucedáneos, como el ocio y consumo desmesurado,por no hablar de la pornografía, para que no eches de menos algo que cada vez más, una minoría de gente va a tener: un hogar, una estabilidad familiar, económica y laboral.
Ya lo advierte el gran Juan Manuel de Prada, escritor y pensador de nuestro tiempo, el sistema nos quiere cada vez más solos, porque estando solteros y sin familia, viviendo en un cuchitril, con un perrete y patinete, no tenemos grandes alicientes por lo que luchar. En cambio, si tenemos un proyecto de vida, o una familia a la que sacar adelante, porque es lo más valioso que tenemos las personas, obviamente no nos vamos a conformar con migajas ni sucedáneos. La vida es que mi abuelo cultive en su huerto tomates e higos para sus hijos y nietos. La vida es cuidado.
Y para finalizar, como diría Chesterton, otro gran pensador, formar una familia puede llegar a ser el acto más revolucionario en estos tiempos individualistas que corren.
Gracias por leer.











































