Vivir con ilusión por el mañana
Bienvenidos de nuevo al blog. En la entrada de hoy simplemente quería dejar una pequeña reflexión que tuve el otro día cuando,después de un tiempo, pasé de nuevo por la biblioteca de mi ciudad, al recordar los días que acudía con la ilusión y los nervios o miedos que me suponía enfrentarme por primera vez a una oposición para el cuerpo de maestros de educación infantil.
La recuerdo como una época bonita a pesar de la incertidumbre y muchos ratos de soledad física y a ratos también emocional, porque es complicado aislarte de todo para estudiar y encontrar poco apoyo en algunas personas que te rodean. No obstante, siempre he encontrado el apoyo de mis padres,que es el que me sigue acompañando hasta hoy día, y de algunas personas de confianza.
Recuerdo mis rutinas de ir a la biblioteca con mis apuntes, mis ratos de café y de charla con algún usuario de la biblioteca, en especial con un entrañable anciano, que hace tiempo que no lo veo por allí. Supongo que una biblioteca a veces se convierte en un lugar de refugio para muchos, es un espacio para el conocimiento, la lectura, la cultura, pero también puede ser de encuentro y de puesta en marcha de nuevos proyectos.
Para mí, la biblioteca no es solo un espacio en el cual acudía a estudiar, también me paseaba por las salas buscando lecturas, fue allí cuando descubrí la poesía de Emily Dickinson, o a la escritora española Soledad Puértolas, gracias a sus novelas La señora Berg, Una vida inesperada, Mi amor en vano...fue allí también el lugar en el que buscaba libros y cuentos infantiles para mis futuros alumnos.
Se trata de un lugar donde sentía paz y refugio ante la incertidumbre de no encontrar un lugar en el mundo. La Biblioteca de Azorín se ha convertido en un espacio en el que siempre voy a relacionar con la esperanza y con la ilusión por el mañana, porque en esos trayectos de biblioteca hasta casa,mientras me daba el sol en la cara, me imaginaba algún día consiguiendo aquello para lo que estudiaba y creía que podría salir bien, a pesar del miedo. Y es que, tanto si hubiese aprobado el examen como si no, el camino habría valido la pena, porque había un propósito, un objetivo, un fin, una ilusión, y así es como me enseñaron que se ha de vivir: con ilusión y con esperanzas.
Simplemente era esto. 💚
¡Un fuerte abrazo!

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