Opinión de una aprendiz a maestra de educación infantil.
Bienvenidos de nuevo al blog. Hoy quería compartir una pequeña anécdota personal y profesional, así como realizar una reflexión hilando el tema con un capítulo del libro de Educar en el asombro, de Catherine L´Ecuyer, haciendo referencia al culto al feísmo y a la vulgaridad. Quizá sea un artículo que resulte incómodo o impopular, pero, desde mi punto de vista, considero interesante pararnos a reflexionar sobre la educación que queremos legar a nuestros hijos/as.
Y es que, como todos sabemos, halloween se celebró recientemente, pero ya no solo en las zonas residenciales y en el hogar familiar, donde es bastante lícito e ingenuo que un grupo de niños se disfrace y pida caramelos. No hay nada malo en ello, es un juego para ellos y lo disfrutan. Así que partiendo de ahí, me parece estupendo. No obstante, creo que a los adultos, a veces se nos va de las manos el entusiasmo. O al menos eso es lo que percibí en mi trabajo, en el colegio donde estoy actualmente.
Resulta que ahora se celebra más el culto a la fealdad y a la muerte, y a una cultura comercial que no es ni de nuestra tierra, que por ejemplo la Navidad. Y se ha puesto de moda realizar pasadizos de terror en los centros educativos como si de un parque temático se tratase.
Así lo vivimos, por programación, los alumnos y maestras de todo el centro, inclusive los pequeños de educación infantil. Para mi espanto, pensé que se trataría de una especie de paseo por el pasillo de infantil con alguna decoración de brujitas y poco más, y resultó ser un horror para mí y para mis alumnos, o muchos de ellos/as, que acabaron asustados o llorando.
Primeramente, bajamos a un sótano, lo que viene siendo el gimnasio del colegio, que estaba decorado con sábanas, e íbamos a oscuras, evitando tropezarnos, con alumnos de primaria asustando a los pequeños con disfraces y escenas de lo menos educativas y adecuadas para niños de 4 y 5 años. Una decepción que recordaré con repulsa de un día en el cual no tuvo que realizarse eso, estando el país de luto, por un accidente gravísimo de tren el pasado 28 de octubre.
A veces pienso que la educación ha sido reducida a la nada. Me siento un tanto negativa al respecto y muchas veces he tenido dudas y miedo acerca de mi manera de entender la educación infantil y cómo realmente te piden que se lleve a cabo. No en todos los colegios de los tres en los que he estado me he sentido así, pero por desgracia, en éste último, me sorprendo a mí misma con sentimientos encontrados.
Pues, por un lado, tengo un aliciente para seguir adelante, aprender de toda la experiencia, de lo bueno y de lo malo, y de curtirme para la vida y para el trabajo como maestra. Mi objetivo es que tanto los niños que tengo como las familias estén bien atendidos y contentos, que aprendan ,y también disfrutar de ellos, claro que sí. Pero por otro lado, a veces me siento como un bicho extraño, como alguien un tanto desfasada en comparación con lo que veo que está en auge en la escuela y en la sociedad: el consumismo, el individualismo, la vulgaridad y las prisas que nos vuelven locos a todos.
En relación con el libro de Educar en el asombro, de la Doctora en Educación y Psicología Catherine L´Ecuyer, un libro que ha tenido mucho éxito en el ámbito educativo, por ser realmente bueno y profund, leer sus reflexiones es como un soplo de aire fresco y nos impulsa a seguir y perseguir la excelencia, la belleza, el orden y el bien en todos los ámbitos de la vida.
L´Ecuyer, en el capítulo 16, titulado El feísmo defiende rodear a los más pequeños de belleza: Educar es dar oportunidades de belleza (L´Ecuyer, 2015). Asimismo, nos dice que el culto a lo feo precisamente nos habla de la falta de asombro que carece nuestra sociedad, una sociedad cada vez más enferma, más enfrentada, individualista e inculta, que sitúa el consumo desenfrenado y la comodidad por encima de la excelencia en todos los ámbitos de la vida, pero especialmente grave en la educación de nuestros hijos.
Buscar la belleza y querer ofrecerla, no es sinónimo de ser un pijo o un snob, sino de generosidad, de querer bien a la vida y a las personas, en especial a los niños/as. Educar en la belleza, es reeducarnos a nosotros mismos primero, como adultos, profesores, madres y padres, para poder ser ejemplo de nuestros niños y jóvenes. Educar en la belleza es educar en valores y buenos modales, es pasar más tiempo con nuestros pequeños, conversar con ellos, escucharles, dejar de lado las pantallas y la comida basura, y enseñarles buenos hábitos para sus vidas, para que vivan en orden y en armonía con lo que son: niños pequeños con unos ritmos diferentes, pero no tan lejanos del de los adultos.
A modo de conclusión, siguiendo las palabras de la autora, la naturaleza del niño nos enseña valores como la generosidad, la alegría, la amistad, la compasión, la humildad y el agradecimiento, valores que en ocasiones en la vida de los adultos van desapareciendo en aras del cinismo, por lo que, conviene realizar un examen de autoconocimiento y de conocimiento del entorno en el que nos vamos moviendo y buscar la grandeza y la belleza en la cotidianidad de nuestras vidas por el bien de todos, pero en el especial por el bien de nuestros niños y adolescentes. Necesitan más que nunca buenos referentes con los que desear aprender y seguir.
Muchas gracias por leer y por quedaros.
Hasta la próxima, lectores.
Referencias bibliográficas:
L´Ecuyer.C.(2015). Educar en el asombro. Plataforma editorial.

